“Son las 8.30 de la mañana, las 7.30 en la casa museo de José Saramago en Tías, Lanzarote”.

Cientos de internautas se meten simultáneamente en twitter y hacen scroll en la cuenta de @radiocable para buscar el enlace al programa y saber cuál será el hashtag del día.

Están en diferentes lugares del planeta pero se sienten muy cerca. Rápidamente, comienza la conversación. A través del foro, mediante mensajes de voz o tuiteando, el programa se teje con las voces de Fernando Berlín y los oyentes. Su focus group, su “CIS particular”.

La primera emisión de Radiocable fue el 14 de mayo de 1997, desde una habitación de 8 m en el centro de Madrid. Fernando Berlín tenía entonces 23 años, internet aún era la web 1.0. Solo 6 meses después, Microsoft incluía a Radiocable entre los 30 mejores medios de comunicación del mundo en su lista Best of Web.

El programa nunca dejó de evolucionar y, en enero de 2014, nació La Cafetera, abriendo una nueva etapa en la que las redes sociales son las protagonistas y los oyentes los co-creadores del programa.

Fernando Berlín emitiendo desde Galicia

Un idioma común

Gran parte de la vinculación que se establece entre los oyentes se debe al uso de un lenguaje compartido, un código que une y crea comunidad.

Estas son algunas de las palabras clave que tanto el presentador como los oyentes utilizan en la conversación:

  • La resistencia: Son todos los oyentes de La Cafetera, especialmente aquellos que siguen el programa en directo, comentando activamente.
  • Los mecenas: Es la parte de la resistencia que hace una aportación económica cada mes para mantener el programa y hacer que crezca. La cifra crece poco a poco, y actualmente ya son más de 1000 mecenas. Es el segundo programa de radio en España que se apunta con éxito a esta fórmula de micromecenazgo. El primero fue Carne Cruda, de Javier Gallego, que comparte comunidad con La Cafetera, al tener ambos espacios un horario y un contenido complementarios y un perfil de audiencia muy similar.
  • Los expatriados: Son aquellos resistentes que residen fuera de España. Berlín les dedica cada día unas emotivas palabras y tiene un recuerdo especial para ellos. Se encuentran en todos los rincones del planeta.
  • La disidencia: Es el tuitero @menudotiarro, un resistente protestón y contestatario que critica a Berlín con socarronería, especialmente por un jingle del grupo Tennessee, que le parece insoportable.
  • La retaguardia: Es aquella sección de la resistencia que escucha los podcasts en diferido. Desde un punto de vista numérico, son la mayoría.

Mapa de mecenas

Es la comunidad quien crea el contenido

La Cafetera ofrece periodismo independiente, con análisis de la actualidad política y una agenda propia, más allá de la agenda setting que imponen los grandes medios.

La emisión se desarrolla de forma parecida cada día. Hay un análisis de opinión del propio Berlín, una entrevista con alguna voz autorizada sobre un tema de actualidad, la lectura de las portadas de los periódicos y el espacio dedicado a la “agenda de La Cafetera”.

Los miembros de la resistencia participan, de una forma u otra, en todo el proceso.

Grupos de trabajo. Son grupos de oyentes que comparten un interés o capacidad concreta y se unen para desarrollar diferentes aspectos del proyecto. Hay un grupo de diseño, un grupo de programación, un grupo que propone invitados al programa y el ya icónico Grupo Hashtag.

Temprano por la mañana, los integrantes de este grupo se juntan para buscar un hashtag que refleje la actualidad y el sentir de la ciudadanía. Una labor que no es secundaria, ya que el hashtag no solo es trending topic durante la emisión, sino que se mantiene vivo durante todo el día, recibiendo millones de impresiones en algunos casos.

Notas de voz. La resistencia envía mensajes de voz por whatsapp al teléfono móvil de La Cafetera, que se emiten en directo durante el programa. Oír la propia voz en tu medio de referencia es emocionante y, sin duda alguna, crea una afinidad con la marca difícil de romper.

Los tuits y el foro. Los oyentes comentan en directo – o más tarde en diferido en tuiter – sobre los contenidos del programa. Fernando Berlín incoropora estos comentarios a su discurso, leyéndolos en voz alta. Los miembros de la comunidad también interactúan entre ellos, retuiteando y creando conversaciones en paralelo.

Además de sus opiniones, los oyentes envían noticias que consideran de relevancia y sobre las que quisieran poner el foco, más allá de la agenda que marcan los grandes grupos de medidos. Es lo que configura la agenda de La Cafetera.

No estás sola

La comunidad de La Cafetera es abierta y acogedora. Basta con escuchar unos pocos episodios para sentirse en casa y reconocer los elementos comunes como la música creative commons de grupos como Freedonia Soul o las crestomatías, fragmentos de audio de películas, series o entrevistas con personalidades como José Saramago, José Mujica, Eduardo Galeano o incluso Steve Jobs, que se repiten con regularidad y cuyo pensamiento refleja el espíritu del programa.

La marca Cafetera crece desde la cercanía y el sentimiento de pertenencia. El secreto de su éxito es la propia comunidad, que es quien la configura y la construye.

Si estás escuchando esto, eres la resistencia. Y no estás sola.